logoER

logoiesFSE color 1

Del cuento al teatro y del teatro al cómic

Del cuento al teatro y del teatro al cómic: clases de lengua en la ESO

Como profesor de lengua procuro traer libros a clase, libros de todo tipo y temática - aunque es cierto que prevalecen los literarios- para tratar de desarrollar en los alumnos el gusto por la lectura y, lo que nunca parece decirse y es tan importante, la escucha atenta de historias que otro lee. ¡Que la oralidad entre de forma activa y real es un objetivo imprescindible que debemos conseguir, para que las clases devengan, verdaderamente, en un diálogo cierto y productivo en el día a día de las clases! Una de esas veces, llevé un libro de Miguel Ángel Muñoz, Entre malvados, publicado en Páginas de Espuma.

-Chicos, escuchad…

Y empecé a leerles a mis alumnos de 1ºESO F un microrrelato que se titula “Pronto seré bueno” (páginas 75-76). Un cuento con una temática desgraciadamente presente en las aulas. Les pedí después, como suelo hacer siempre, que les pusieran un título y realizaran un resumen por escrito de lo que habían escuchado. Comprensión y expresión, como diría Saussure para el signo lingüístico, las dos caras de la misma moneda de un todo que supone la enseñanza de la lengua. Sintetizar las ideas principales; expresar con corrección y orden lo que quiero decir. Cuántas veces escuchamos eso de “lo sé, pero no sé explicarlo”. ¡Qué pena que todavía se siga escuchando, porque algo se sigue explicando mal por alguna de las partes!

En fin, que leemos, escuchamos, sintetizamos y… ¿Y si pedimos también que escriban creativamente? Da igual que el texto leído sirva de modelo, que el tema los inspire, que se alejen lo que quieran de lo escuchado, que inventen un final diferente…¡Da igual si se convierten en escritores, porque nunca atenderán tanto sus compañeros las historias escuchadas como cuando los autores son los propios alumnos!

Y se pusieron a escribir. Y tocó el timbre, recogimos y nos fuimos. Al día siguiente, escucharíamos las historias creadas.

Sandra levantó la mano. Antes, su preámbulo nos emocionó. Afirmó que su madre, a la que se lo había leído antes, se quedó extrañada, imaginando qué pensarían los que escucharan la historia que había escrito. Y, además, la autora nos dijo que quizá la emoción y la temática le impidiera acabarlo sin que las lágrimas afloraran a sus ojos o la voz se le entrecortara. ¡Nada más efectivo para que el silencio surgiera como una necesidad imperiosa; para que solo la voz de Sandra llenara el espacio del aula! Al acabar, el silencio se mantuvo. Pero fue otro tipo de silencio, el que nos toca por dentro cuando hemos escuchado algo que nos paraliza. Después, llegaron los aplausos. ¡Qué sinceridad de aplausos!

Os dejo el relato de Sandra:

MEDIODÍA

Mediodía. Lo mismo de siempre. Solo se escuchan gritos en mi casa. Mamá y papá están volviendo a discutir. Esta vez es por mi culpa. Ese hombre que se hace llamar mi padre dice que no fui nada más que un error. Mi madre teme hacerle la contra. Quizá podría salir dañada.

Llevo desde los ocho años viviendo esta tortura día a día. No solo en casa. En el instituto ese dolor continúa. Solo soy el friki de mi clase, al que todos dan la espalda. Cuando tenía diez años, tenía dos amigos muy especiales. Uno se llamaba Roberto y la otra Carla. Eran como hermanos para mí. Ellos siempre me defendían de las agresiones de mis compañeros. Pero eso un día cambió. Carla tuvo que mudarse del país por cuestiones de su salud y Roberto… Él… Bueno, empezó a juntarse con otra gente. Yo me quedé solo.

Pasó el tiempo.

Un día, al salir del instituto – yo ya tenía cumplidos doce años– lo vi acercarse a mí con su nuevo grupo de amigos. Pensaba que querría hablar conmigo, recuperar a su antiguo amigo… Pero, en lugar de eso, un golpe fue lo que recibí. ¡Nunca me olvidaré de sus palabras; las tengo grabadas a fuego!:

- ¿¡Ya no tienes a Carla para que te ayude, eh, maricón?!

Después siguió golpeándome mientras que uno de sus amigos me sujetaba y el otro grababa todo.

-No pares de grabar. Esto es genial –decía, mientras se reía y hacía reír a sus camaradas.

Cuando me desperté, volví a mi casa llorando. Una notificación me llegó al móvil y lo hizo vibrar. Me estremecí al ver lo que ponía.

“Roberto ha comenzado a seguirte”

Por miedo, le pulsé a aceptar. En su perfil estaba colgado el vídeo de mi agresión.

Todos los días era igual; la misma pesadilla se repetía una y otra vez. Abusos, insultos, golpes.

Actualmente tengo dieciséis años y pocas cosas han cambiado. Todo es la misma historia. Hoy han llegado más lejos que de costumbre. Me hicieron cortes con una navaja, mientras quemaban las cosas de mi mochila. Sus agresiones son cada vez más fuertes. Me da miedo de lo que puedan llegar a hacer.

Mientras, mis compañeros son simples espectadores mudos. Todos lo saben, pero nadie dice nada. Yo, tampoco. ¡Tengo mucho miedo!

Es insoportable. El dolor me mata. No solo el físico, sino el hecho de que quien pensaba que era mi amigo resultó ser mi verdugo. La única que me apoya es mi madre. Ella si es una buena madre, casi me da pena que haya tenido el hijo que ahora mismo soy. Mi padre me recuerda a Roberto. Es un hombre muy violento y siempre pega a mi madre. Una vez intenté defenderla, pero lo único que recibí fue eso, violencia y más violencia.

Me da pena dejarla sola, pero ya no puedo más. Muchos estudios de psicólogos dicen que el suicidio no es una alternativa. ¿Qué sabrán ellos sobre el infierno que vivo y todas las cosas que he visto? No hay peor sentimiento que el de saber que nadie en el mundo te quiere, y de que preferirían verte muerto. Prefiero quitarme la vida yo, a que lo hagan ellos. Ya me cansé de la vida.

Apagué la cámara con la que estaba grabando mi legado. La dejé con el vídeo puesto encima de una mesa con una nota que ponía:

“Lo siento, mamá, por dejarte sola. Sé fuerte. Nos veremos en el cielo.”

Sin más, salí de mi habitación y crucé mi casa ignorando los gritos. Sé que si la veo me echaré atrás.

La puerta de mi casa se cerró y por el camino solo podía pensar una cosa:

-¡Hazlo!

 

 

 Una vez pasada la emoción, seguí poniendo retos para trabajar los temas del currículo sin que se viera la “teoría” que se exige impartir. Hemos hecho un texto narrativo. ¿Quién era el narrador? ¿Y los personajes? ¡Estupendo, pero ¿se podría hacer una versión teatral?! Diálogo puro. Personajes que hablan; personajes que actúan. ¡Chicos, habrá que poner “acotaciones”!

Lo intentaron. Les costó hacer el trasvase de un género a otro. Y el maestro les propuso un comienzo y alguna escena inicial. Sandra volvió a recoger el guante. Y a los pocos días yo tenía su versión en la bandeja de entrada de mi correo. ¿Queréis leerlo? Os dejo la versión final, esa que se fue modificando a medida que lo leíamos y tratamos de representarlo. Porque sí, el siguiente guante, la siguiente pregunta/petición fue que si nos atrevíamos a representarlo. Enseguida se alzaron manos – Sergio, Samuel, Lola, Jorge, José Antonio, Sandra, Esme, Jose, Nicolás, Nerea, Ana, Nerea G.- y llegaron los personajes. E hicimos copias y los viernes de cada semana, durante el último mes y medio, nos bajamos al salón de actos y Elena, que se convirtió en una excelente directora teatral, fue proponiendo mejoras y cambios, y, desde la pura representación, el texto recogió las modificaciones que requería la puesta en escena. 

 MEDIODÍA

ESCENA I

El padre y la madre están sentados en la mesa. Él llevará en todo momento la voz cantante en la conversación. Irá elevando el tono poco a poco. Ella apenas dirá nada y su cabeza no mira al frente, sino hacia abajo, escondiendo su mirada. Solo alguna vez se atreverá a mirar a los ojos a su marido)

PADRE: No tengo mucha hambre. (Silencio prolongado). Voy a tomar algo para hacerte un poco de compañía. (Nuevo silencio) Pero la verdad es que, después de lo que pasó ayer, no sé si realmente me apetece. (Silencio). ¡Es que tu hijo no tiene remedio…!

(La mujer eleva sus ojos de forma casi instintiva, pero no dice nada)

               (Levantado un poco la voz) ¿Por qué me miras así? ¡No seas tonta tú también! ¿O acaso no tengo razón? ¡Tú hijo es inútil…

MADRE: (Con un hilo de voz, pero que es capaz de parar momentáneamente las palabras del marido). También es tu hijo (Acentuando y poniendo énfasis en el “tu”).

PADRE: ¿Cómo dices? (Levanta la voz). ¡Vaya con la mosquita muerta! Sí, sí, ya sé que también es mío. Pero bastante que me arrepiento. Tu hijo fue un error y no debimos tenerlo.

MADRE: No digas eso de tu hijo. De nuestro hijo.

PADRE: Lo digo porque lo siento así, idiota, que pareces idiota cuando lo defiendes tanto. ¿Acaso no tengo razón? No nos da más que problemas. Se pasa todo el día empanado…

MADRE: Pero si tú apenas lo ves, si no le hablas…

PADRE: ¿Qué no le hablo? ¿Y para que quiero hablarle a ese sangre de horchata? Si no se merece ni las palabras que gasto en él.

MADRE: No digas eso…

PADRE: ¡Digo lo que me sale de la gana! (Se levanta). O también me vas a decir lo que puedo o no puedo decir. Esta es mi casa y tú eres mi mujer. No tienes derecho a opinar y no me calientes que me dan ganas de partirte la cara a ti también. No dices más que tonterías. Ya sé de quién habrá heredado tu hijo las suyas.

MADRE: No seas tan duro; no hables así…

PADRE: ¡Otra vez diciéndome lo que tengo que hacer! Cállate ya de una vez tú. Me dan ganas de explicártelo de otra manera. (Hace el gesto para darle un bofetón. No llega a impactar su mano en la cara, pero ha de quedar claro que esa es su intención).

                 (LA ESCENA QUEDARÁ CONGELADA. La luz se proyectará difuminada sobre estos personajes y un foco blanco irá siguiendo los movimientos del HIJO, que aparece en la escena, con una máquina de vídeo en la mano, grabando todo lo que allí ha ocurrido. Por momentos, girará la cámara y se grabará a sí mismo)

HIJO: Mediodía. Lo mismo de siempre. Solo se escuchan gritos en mi casa. Mamá y papá están volviendo a discutir. Esta vez es por mi culpa. Ese hombre que se hace llamar mi padre dice que no fui nada más que un error. Mi madre teme hacerle la contra. Quizás podría salir dañada.

             (El personaje se para. Se queda quieto durante un tiempo. Absorto. (Ve cómo los actores que representan al padre y la madre quitan el decorado y dejan libre la escena). Se gira hacia el público y busca en él cierto amparo. Gira la cámara hacia el patio de butacas y “dialoga” con ellos desde el corazón, buscando una comprensión y un apoyo que no debe ser dar lástima)

HIJO: Llevo desde los ocho años viviendo esta tortura día a día. No solo en casa. (El personaje habla de forma muy lenta y como sopesando cada sílaba) En el instituto ese dolor continúa. Solo soy el friki de mi clase, al que todos dan la espalda.

           Cuando tenía diez años… (El personaje, en silencio, gira la cámara hacia la escena, que estará vacía durante algunos segundos. Después la entregará y pasará a ser el personaje de ese otro tiempo de los diez años. Por el lado contrario entrarán Roberto y Carla).

ESCENA II

PROTAGONISTA: ¡Eh, Roberto, Carla!

ROBERTO: Precisamente estábamos hablando de ti. ¿Dónde te metes? Llevamos unas horas buscándote.

CARLA: Sí, es cierto. Roberto ha tenido una buena idea para este fin de semana.

ROBERTO: Pero seguro que pondrás cualquier excusa para no venir.

PROTAGONISTA: No. Seguro que iré y haré lo que digáis. Seguro. Si tú vas, Carla... Ya sabes que contigo, al fin del mundo.

CARLA: (Sonríe y va a decir algo agradable a su amigo, pero un golpe de tos se lo impide)

PROTAGONISTA: Otra vez esa maldita tos. ¿Te encuentras bien, Carla?

ROBERTO: No la atosigues. Seguro que no es nada.

CARLA. (Aunque sigue tosiendo con la cabeza gacha, cuando la levanta, todavía no repuesta del todo, dirá con voz entrecortada). Mirad quiénes vienen por allí.

PROTAGONISTA: No preocuparos. No les digáis nada y dejadlos que se vayan pronto.

NIÑO1: Hombre, la niña sin pulmones y sus dos palmerines. ¡Qué grupito más lindo formáis! Menudos pimpollos.

NIÑA1: ¿Os dais cuenta de que fuera de clase estos empollones se quedan mudos?

NIÑO2: ¡Es que os ha comido la lengua el gato?

CARLA: Dejadnos tranquilos, por favor.

NIÑO 3: ¡Uy, chicos, por favor y todo!¡Qué educados! Dan ganas de romperles los dientes. Sobre todo a este nota. ¿Te estás riendo de mí? (Se dirige al Protagonista). ¿¡A que te parto la cara!?

ROBERTO. No se está riendo.

NIÑO 3: ¿Me estás diciendo que no sé lo que veo? Tú cállate, que más vale que te preocuparas de ti y te apartaras de esa niña y de esa nenaza. Sí, nenaza, que eres una nenaza. (El Protagonista tratará de decir algo, pero será incapaz de pronunciar ninguna palabra, aunque Carla tampoco le dejará mucho tiempo)

CARLA: ¡Dejadlo tranquilo!

PROTAGONISTA: Tenía dos amigos muy especiales. Uno se llamaba Roberto y la otra Carla. Eran como hermanos para mí. Ellos siempre me defendían de las agresiones de mis compañeros. Pero eso un día cambió. Carla tuvo que mudarse del país por cuestiones de su salud y Roberto… Él… Bueno, empezó a juntarse con otra gente. Yo me quedé solo.

Pasó el tiempo.

ESCENA III

Un día, al salir del instituto – yo ya tenía cumplidos doce años– lo vi acercarse a mí con su nuevo grupo de amigos. (Entran en escena Roberto y los mismos niños que los de la escena anterior por el lado izquierdo. Se dirigen con paso firme al protagonista, mientras que ríen entre ellos) Pensaba que querría hablar conmigo, recuperar a su antiguo amigo… (El protagonista mira al suelo con melancolía, escondiendo su mirada) ¡Nunca me olvidaré de sus palabras; las tengo grabadas a fuego!:

(Deja la cámara de grabar sobre el suelo y mira fijamente al grupo de chicos)

ROBERTO: ¿¡Ya no tienes a Carla para que te ayude, eh, maricón?!

NIÑO 1: Eso, eso. Oye, hablando de la niña sin pulmones, ¿Dónde está? Hace mucho que no la veo.

NIÑO 2. Seguro que está muerta. Siempre andaba con una tos de caballo.

NIÑA 1: Cierto. ¡Ojalá que sea verdad y nunca vuelva!

PROTAGONISTA: ¡Carla no está muerta! (dice con una voz quebrada). ¡Ella solo se ha mudado del país para tratar su enfermedad! (Se encuentra al borde de las lágrimas)

NIÑO 3: Vaya, vaya, ¿No os parece adorable? ¡Si tiene carácter y todo! No sabes las ganas que tenemos de zurrarte.

ROBERTO: Da gracias a que Carla no está aquí, porque le daría mucha vergüenza verte cómo estás de patético.

(Roberto propina un golpe imaginario al protagonista, sin llegar a tocarlo de verdad. Este caerá al suelo mientras que recibe otro “golpe” de Roberto y es sujetado por uno de los amigos, mientras que la niña lo graba todo con la misma cámara que había en el suelo)

No pares de grabar. Esto es genial.

NIÑO 1: ¡Ya verás! Este vídeo se va a hacer viral. ¡Si te estamos haciendo un favor y todo!

(La niña deja la cámara en el suelo. El grupo de agresores se marchan por el lado derecho. El protagonista se levanta, coge la cámara y sigue grabándose)

PROTAGONISTA: Cuando me desperté, volví a mi casa llorando. Una notificación me llegó al móvil y lo hizo vibrar. Me estremecí al ver lo que ponía. “Roberto ha comenzado a seguirte” … Por miedo, le pulsé a aceptar. En su perfil estaba colgado el vídeo de mi agresión. (Su mirada se torna áun más triste). Me decepcionó ver los comentarios. Nadie había denunciado o reportado el vídeo. Por el contrario, las gentes los incitaban a seguir.

Todos los días son iguales. La misma pesadilla se repetía una y otra vez: abusos, insultos, golpes...

ESCENA IV

(Los agresores vuelven a la escena por el lado derecho con una mochila en sus manos. Empiezan a tirar los papeles y bolígrafos que había dentro. Nuestro protagonista vuelve a dejar la cámara en el suelo)

ROBERTO: ¡Anda! ¡Pero si es el empollón!                      

NIÑO 1: Una lástima que tu mochila esté destrozada… (Tiran la mochila que tenían, al suelo)

NIÑO 2: Parece que su perfecta media de sobresaliente va a salir perjudicada.                                    

NIÑA 1: Si… Seguro que chantajeas al profesor o algo peor.

NIÑO 3: No me extrañaría, viniendo de un maricón. (El grupo se echa a reír)

ROBERTO: Veremos a ver qué dicen tus papis cuando vuelvas a casa lleno de moratones. ¡Ah! Es verdad, (dice en tono burlesco)…¡¡ ni a ellos les importas!! ¿Por qué no nos haces un favor a todos y te mueres de una vez?

(Roberto pone su mano en forma de puño, y se dispone a darle un golpe, pero no llega a suceder, porque la escena se congela. El protagonista coge de nuevo la cámara del suelo y vuelve a grabarse. Los agresores salen de nuevo de la escena por la izquierda).

*******         *******       *******

  

PROTAGONISTA: Actualmente tengo dieciséis años y pocas cosas han cambiado. Todo es la misma historia. Hoy han llegado más lejos que de costumbre. Me hicieron cortes con una navaja, mientras quemaban las cosas de mi mochila. Sus agresiones son cada vez más fuertes. (Pone una voz quebrada). Me da miedo lo que puedan llegar a hacer.

ESCENA V

(Nuestro protagonista no deja de grabarse. En la escena se incorporan por la derecha dos chicas. Andan tranquilamente, se posicionan en el centro del escenario y comienzan a dialogar)

ESPECTADORA 1: Amiga, ¿Has visto lo que le han hecho hoy al pobre Diego?

ESPECTADORA 2: Sí, le quemaron las cosas de la mochila. Sinceramente, me da mucha lástima.

ESPECTADORA 1: ¿Crees que deberíamos avisar a algún profesor o a sus padres?

ESPECTADORA 2: ¡Ni loca! Dicen que su padre es un alcohólico machista y que su madre no hace nada para remediarlo. Además, si avisamos a alguien y se enteran de que hemos sido nosotras... ¿Qué crees que nos harán? Si tratan así al pobre Diego, imagínate a nosotras. Es mejor dejarlo estar.

ESPECTADORA 2: Supongo que tienes razón (Dice sin convicción).

(Las chicas salen del escenario por la izquierda)

DIEGO: Mientras, mis compañeros son simples espectadores mudos. Todos lo saben, pero nadie dice nada. Yo, tampoco. ¡Tengo mucho miedo! Es insoportable. El dolor me mata. No solo el físico, sino el hecho de que quien pensaba que era mi amigo resultó ser mi verdugo. La única que me apoya es mi madre.

ESCENA VI

(Diego deja la grabadora en el suelo y por la derecha entran sus padres. Ellos vienen discutiendo, pero la madre siempre con la cabeza gacha y sin levantar la voz a su marido)

PADRE: (Grita) ¿¡Qué te he dicho mujer!? No vas a ir a esa cena. No te lo permito.

MADRE: Por favor… (Su voz se nota triste y desesperada) Hace mucho que no veo a mi familia…

PADRE: (Grita) ¡Tú ya no tienes familia! ¡Eres mía! ¿¡Entiendes?! No tienes derecho a decidir. Soy tu esposo y mando sobre ti.

DIEGO: Eso no es cierto.

PADRE: ¡¿Cómo dices bastardo?!

DIEGO: D-digo… (Tartamudea un poco) que ella también tiene derecho. Es tu esposa, sí, pero también es persona, como tú. (Recalca la palabra “tú”)

PADRE: ¿¡Cómo dices, escoria!? (Enfadado) Ya verás lo que es bueno… (Le levanta la mano en gesto de que quería pegarle, pero se congela la escena)

(Diego vuelve a coger la cámara y comienza a filmarse otra vez)

DIEGO: Ella sí es una buena madre, casi me da pena que haya tenido el hijo que ahora mismo soy. Mi padre me recuerda a Roberto. Es un hombre muy violento y siempre pega a mi madre. Una vez intenté defenderla, pero lo único que recibí fue eso, violencia y más violencia.

(En escena entran los acosadores y empiezan a reírse de fondo, señalando y mofándose del protagonista)

DIEGO: Me da pena dejarla sola… (Pausa y se siguen oyendo las risas de Roberto y su grupo de fondo) pero ya no puedo más. (Las burlas cesan de golpe) Muchos estudios de psicólogos dicen que el suicidio no es una alternativa. ¡Puf! (Bufa con resignación) ¿Qué sabrán ellos sobre el infierno que vivo y todas las cosas que he visto? No hay peor sentimiento que el de saber que nadie en el mundo te quiere. (Su voz se quiebra de la tristeza) ¡Que desearían verte muerto. Prefiero quitarme la vida yo a que lo hagan ellos. (Hace un silencio prolongado y agacha la cabeza). Ya me cansé de la vida.

(Todos los personajes salen del escenario menos Diego. Apaga la cámara y la coloca en el suelo junto a una carta. Este coge la carta y la lee para sí mismo)

DIEGO: “Lo siento, mamá, por dejarte sola. Sé fuerte. Nos veremos en el cielo.”

(Deja la carta de nuevo en su lugar y abandona el escenario, no sin antes echar una mirada de melancolía a su alrededor y al público)

FIN

Último guante. Ahora es Ana quien lo recoge, “porque me gusta dibujar, maestro”. ¡Versión cómic de Mediodía.

Como se ha realizado un power point con los dibujos –once viñetas– y se le ha puesto música –música que otra alumna del centro, de 4º de la ESO, puso en algunos de los ensayos de la representación: Nuvole bianche, de Ludovico Einaudi – os tengo que dejar un enlace donde se ha subido para que lo podáis ver (CLIC AQUÍ).

Y todo esto derivó de aquella lectura de un microrrelato. Y, a veces, hasta abríamos el libro de texto y trabajábamos algunas actividades que nos proponía.

¡Clases de lengua! Clases de lengua, sí, pero tampoco nos engañemos. ¡Clases de lengua en 1º ESO F, donde hay “alumnos”, alumnos con ganas, con “querer hacer”; “querer aprender”. Porque esta es la premisa imprescindible; algo que olvidan ciertos teóricos de la educación, algunos que se hacen llamar o a los que llaman los expertos y que nunca mencionan las leyes educativas que, sin embargo, repiten como un mantra otros objetivos que, si no se consiguen, siempre son culpa del otro lado.

¡Clases de lengua. Y alumnos y profesores!

A mis alumnos de 1ºESO F, por hacerme sentir profesor de lengua.

 

Antonio Albertus Morales

Profesor de Lengua de 1º ESO F

IES Poeta Julián Andúgar, de Santomera.